OCTAEDRO
Elemento: Aire | Frecuencia: Integración, Claridad y Equilibrio
El Octaedro es una de las geometrías sagradas que contiene formas básicas y patrones geométricos que se repiten en la naturaleza, el cosmos y la vida misma, bajo la premisa de que el Universo sigue un plan o diseño inteligente.
Es una geometría a la cual Platón le asignó el elemento Aire. Es la geometría del equilibrio, la unión perfecta entre el Cielo y la Tierra, la Mente y el Corazón. De ahí que su frecuencia te ayude a alcanzar una mayor la claridad mental y la integración de la expresión dual de la Divinidad en ti.


CONTEXTO MATEMÁTICO
El Octaedro es un poliedro compuesto de ocho caras triangulares idénticas (triángulo equilátero), 6 vértices y 12 aristas. Se puede visualizar como dos pirámides unidas por su base cuadrada. Es una geometría de una estabilidad excepcional.
CONTEXTO HISTÓRICO Y SU MISTICISMO
El octaedro es más que una figura geométrica; es un símbolo de perfección que ha fascinado a arquitectos, místicos y científicos desde la antigüedad. El término de la palabra Octaedro, proviene del griego antiguo y se compone de dos raíces: Okto, que significa "ocho" y Hedra que significa "asiento, cara o base", de acuerdo al pensamiento pitagórico, Hedra, no se refiere a la superficie, o cara, sino al plano de estabilidad.
En su diálogo Timeo, Platón asignó los sólidos a los elementos basándose en su 'movilidad' y 'agudeza':
"El octaedro es el elemento del aire; sus caras son triángulos perfectos que le permiten ser lo suficientemente ligero para elevarse y lo suficientemente agudo para penetrar la esencia de las cosas."
— Platón, Timeo (Adaptación).

Dentro de este contexto el Octaedro nos habla de la estabilidad necesaria y básica para la elevación de la consciencia y conectar así con lo esencial.
En la antigua Grecia, antes de Platón, los Pitagóricos (siglo VI a.C.) ya estudiaban estas formas. Para ellos, el octaedro era sagrado porque nace de la unión de los puntos medios de las caras de un cubo. Lo veían como la "liberación" de la materia (cubo) hacia el espíritu (octaedro).
En el renacimiento Leonardo Da Vinci ilustró el octaedro para el libro de Luca Pacioli, De Divina Proportione (1509). Da Vinci estaba obsesionado con cómo esta forma permitía entender la perspectiva y el reflejo de la luz, llamándolo una estructura de "armonía universal".
Más tarde (1596) Johannes Kepler, en su obra Mysterium Cosmographicum, utilizó el octaedro para intentar explicar las órbitas de los planetas. Él situó el octaedro entre las órbitas de Venus y Mercurio, creyendo que la distancia entre estos planetas estaba determinada por la geometría de este sólido.
En la navegación antigua, el octaedro se asociaba a las 8 direcciones de los vientos, cada cara alineada a uno de los puntos cardinales e intermedios, lo que se conoce como "La Rosa de los Vientos" (se conocen varios tipos de Rosas, según la cantidad de direcciones del viento), es considerada la Orientación Universal dentro de la navegación. En un sentido simbólico, es Universal porque es un lenguaje para marcar el rumbo del viento y fundamental para orientarse en la navegación además de facilitar la lectura de una carta náutica sin importar el idioma, o el tiempo en que se elaboró. La Rosa de los vientos es considerada como la guía y el propósito, e incluso a día de hoy los navegantes la aprecian como un símbolo de buena suerte.
Estos son solo algunos ejemplos de cómo esta geometría ha sido estudiada y contemplada por su perfección y universalidad. Está formada por dos pirámides idénticas unidas por su base, una apuntando hacia arriba, que representa la parte Cielo y la otra apuntando hacia abajo, que representa la parte Tierra, unidas en su base cuadrada, simbolizando la estabilidad de la que Pitágoras hace referencia y que Platón consideraba como condición para la elevación de la consciencia.
La base que une ambas pirámides, además de simbolizar la estabilidad, tiene la función de unir el Cielo y la Tierra, sus cuatro lados están relacionados con los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste, lo cual indica su relación con el concepto de dirección. Cada una de estas direcciones aporta un atributo concreto que son la base para elevar la consciencia de manera estable.
Por lo tanto, el Octaedro nos invita por un lado a integrar el Cielo y la Tierra colocándonos en el centro, siendo nosotros la base que une a ambas expresiones de la Divinidad. Lo cual implica, no solo integrar ambas polaridades en nuestro interior: el Divino Masculino y el Divino Femenino, nuestra luz y nuestra oscuridad, nuestra parte Cielo y nuestra parte Tierra, sino reconocerlas y aceptarlas como parte de la Creación que son, como la expresión de la Fuente que se desmultiplica desde lo intangible hacia lo tangible y viceversa y por lo tanto que se expresan en nuestro interior.
Por otro lado el Octaedro nos recuerda que para alcanzar ese equilibrio, podemos apoyarnos en las cualidades que cada parte de la pirámide nos ofrece. Al apoyarnos en nuestra parte Tierra, tendremos la estabilidad necesaria para avanzar con firmeza, la calma mental para gestionar nuestra vida con orden y recibiendo la fuerza de la conexión de nuestras raíces que nos mantendrá en acción para dar los pasos que necesitamos para el cambio. Al apoyarnos en nuestra parte cielo, conectaremos con mayor facilidad con nuestra sabiduría interna, a través e nuestra intuición, de la expansión de nuestra consciencia y una visión más clara que nos permita ver nuevos prismas, nuevas oportunidades y aprendizajes para nuestra propia evolución. Ambas partes son complementarias, el octaedro sin una de las pirámides, no sería un octaedro, sino un tetraedro lo cual cambiaría completamente su función y frecuencia. El reto consiste en aprender a apoyarnos en nuestra parte Tierra y parte Cielo, en nuestro Femenino y en nuestro Masculino, en nuestra luz y en nuestra oscuridad, y comprender que la falta de complementariedad conduce a menor armonía y desequilibrio.
Alinearnos con la Tierra y con el Cielo, puede darnos el sustento para alinear la mente y el corazón. El Octaedro nos abre a ese equilibrio, a la calma mental para escuchar y permitir que sea el corazón quien marque la dirección de nuestros pasos y no la mente. Mientras esta alineación esté en armonía, solo queda la certeza interna y la coherencia interna, alejando el miedo y la duda constante.
Fuentes:
Euclides (c. 300 a.C.). Elementos. Libros XIII (donde se formaliza la construcción de los cinco sólidos platónicos).
Wolfram Research. MathWorld: Octahedron. Disponible en línea en mathworld.wolfram.com.
Cromwell, P. R. (1997). Polyhedra. Cambridge University Press. (Tratado exhaustivo sobre la topología y simetría de los poliedros).
Weisstein, E. W. Solid of Eight Faces. CRC Concise Encyclopedia of Mathematics.
Hazen, R. M. (1999). The Diamond Makers. Cambridge University Press. (Sobre la cristalografía del carbono y el hábito octaédrico del diamante natural).
Platón (c. 360 a.C.). Timeo (Timaeus). (Diálogo donde se asocia el octaedro con el elemento Aire).
Pacioli, L. (1509). De Divina Proportione. Ilustrado por Leonardo da Vinci. (Estudio sobre la proporción áurea y los sólidos regulares).
Kepler, J. (1596). Mysterium Cosmographicum (El misterio cosmográfico). (Donde vincula el octaedro con las órbitas planetarias de Venus y Mercurio).
Trismegisto, H. (Siglos VI-VIII d.C.). Tabula Smaragdina (La Tabla de Esmeralda). (Origen de la premisa "Como es arriba, es abajo").
Cirlot, J. E. (1958). Diccionario de Símbolos. (Significado simbólico de la doble pirámide y el número ocho).
Lawlor, R. (1982). Sacred Geometry: Philosophy and Practice. Thames & Hudson. (Análisis de la transición del cubo al octaedro en la consciencia).
Diamantesinfos, https://www.diamantes-infos.com/diamante-tallado/caracteristica-diamante.html
Guénon, René (1962): El Simbolismo de la Cruz.
